Semana #779

La semana arrancó bárbara, con número nuevo de The Original Hacker, y un nuevo enfoque para un software de control farmacéutico que nunca termina de ver la luz (casualmente no ve la luz por la cantidad de enfoques que ha tenido 🙂 ).

El viernes tuve una de cal y una de arena. Por un lado me contactaron para resucitar un programa viejo que sigue dando vueltas y funcionando. Digo resucitar porque ni siquiera está en Github, así que tengo que sacarle el polvo al código y ponerlo en marcha otra vez. Por otro lado, estuve en una discusión que me ponen entre la espada y la pared.  Con el argumento del “asi no me sirve y falla el sistema” estaba entre mantenerme en mis cuarenta y ganar la discusión sacrificando la aplicación o hacer la modificación a riesgo de que pensaran que lo hacía por aceptar la culpa. Terminé optando por hacer el cambio, pero sin dar el brazo a torcer con el tema de la culpa, y cuando dije que le podía explicar a cualquiera en la escala jerárquica que no era un error (creo que la parte “voy y se lo explico personalmente al jefe de tu jefe si querés”) , fue lo que terminó por aflojar la tensión (eso y que la modificación salió andando, que no soy taaan iluso).

En el medio de la semana nos golpeó la mala noticia de la muerte de una persona a la que supe querer y respetar mucho, el querido Uranito. Escribió, generó y motivó tanto y a tanta gente (consiguió que Daniela le ilustrara un cuento o que Guille aceptara ser coordinador y figura pública del GACW ) que cualquier referencia mía será inexacta e ínfima.

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