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La metacharla

Gracias a los geniales @inkel y @cuerbot vi esta más que original “charla” sobre cómo dar una charla. 🙂  El video es imperdible y puede verse hasta en el trabajo (en un trabajo decente deberían verlo todos), ya que el sonido es lo menos importante para el expositor. El autor es Zach Leatherman y el título completo es “A Hypocrite’s Guide to Public Speaking”, no es larga y es muy recomendable.

Entre los consejos que da, está el de elegir el tema correcto y para eso dice:

Si no sabés de qué hablar, es que no estás escribiendo lo suficiente (Twitter no cuenta)
Si no sabés qué escribir, no estás leyendo lo suficiente
Si no sabés qué leer, preguntale a alguien!

En lo personal me toca porque este año por una cuestión u otra, dejé de lado los “proyectos interesantes” y a fin de rentabilizar mi tiempo combatiendo el efecto Coto de una manera no muy eficiente, me encontré sentado frente a la computadora sin nada nuevo para escribir (y ni hablar de llevar un blog técnico que todavía ni gatea). La amenaza de preparar una charla y una serie de enlaces fortuitos (casi todos los de esta entrada fueron apareciendo “solitos, sin buscarlos”), han hecho que, por lo pronto, me despabile y vuelva a tratar de escribir tratando que sea al mejor estilo de Angel y su tia Carlota.

Esto enseguida me hizo acordar de Angel Lopez y su test “Me pisó el 60“, al que esta vez trato de superar “Not being a canuto“. 🙂

El desastre en la redacción, es por la falta de práctica, pero siguiendo los consejos de Marina , hoy empiezo a escribir.

Wake up!

Esto es una chorrera de casi ochocientas palabras de algo personal que poco interés puede tener para cualquiera que no me conozca. Sobra decir que lo más sano es obviarlo y volver en breve, cuando escriba algo más interesante. Pero es una de esas catarsis que uno hace “porque el blog es mío y hago lo que quiero” y porque espero que sirva para marcar un hito a partir del cual pueda reconciliarme con mi alto ego (con O) de programador y que se note. 🙂

Qué pasó que dejé de escribir? Un amigo diría que pasó la vida, pero me parece que perdí el rumbo (como tantas veces, que parece que uno es adicto a adoptar los estándares sociales) y terminé haciendo vida de empleado.

Aca viene la aclaración de siempre (y que calculo que como siempre, va a salir mal). No tengo nada en contra de la gente que es feliz trabajando por un sueldo fijo, durante un horario fijo, teniendo como mayor responsabilidad la de cumplir con el horario para poder una o dos veces por año, disfrutar de merecidas vacaciones. Simplemente me parece que trabajando y viviendo así la creatividad se va durmiendo y la vida deja de tener proyectos realizables para convertirse en un gran racconto  de anécdotas pasadas para realzar el ego actual (golpeado por la realidad, que le gusta repartir palos a diestra y siniestra).

Volviendo a mi rumbo, el año pasado conseguí dos clientes que me dieron la falsa sensación de estabilidad económica (dos ingresos bastante fijos, del orden de los U$400 cada uno), que si bien no son mucho para vivir en Argentina, alcanza para pagar los gastos de la oficina (desde alquiler hasta la contadora) y mantener la falsa idea de “programador freelance” (en lugar de empleado sin horario pero a tiempo completo). Esto hizo que fuera aplazando proyectos hasta que perdieran sentido, interés o ya los viera realizados (mejor y más bonitos de lo que los había planteado yo 🙂 ).

El ver que en las weeknotes se repetían los proyectos, no se cerraban todo lo que quisiera y demostraran más un estancamiento profesional (tanto por las tecnologías usadas como por la incapacidad de hacer avanzar el desarrollo) que lo mucho que me gusta programar tampoco colaboraba con el estado de ánimo necesario para todos los días levantarse y sentarse a programar como un desquisiado hasta la próxima reunión o si el día estaba tranquilo, hasta la hora de la cena.

Un tercer factor (algo más tonto) fue el hecho de ver que lo único que estaba haciendo por estos lares era comentar los libros que leía. Como ejercicio de escritura está bueno, pero dado que pasaba más tiempo programando que leyendo, el no escribir sobre lo que más me gusta y hago, calculo que se debe a un estancamiento profesional más que a falta de tema.

Estos tres factores hacían que viviese bien, sin documentar mucho lo que hacía (no sea que alguien también se diese cuenta de mi somnolencia programadoril) y preocupandome principalmente de cumplir con “los dos clientes que pagan la olla”, manteniendo más que atendiendo bien al resto de la cartera (suena a decir “vivia en la Matrix y no me molestaba”).

Hace no mucho tiempo, se sucedieron una serie de cuestiones que me sacudieron un poco las ideas con uno de los clientes/patrones. Básicamente se juntaron dos factores que me molestaron mucho. Un exceso de maltrato profesional (metricas absurdas para minimizar los trabajos, requerimientos estrambóticos sobre tecnologías obsoletas y la necesidad de dar soporte presencial a la vez que cumplía los plazos de desarrollo), sumado a un par de cuestiones “de principios” que nunca toleré, me hicieron dejar de tener una relación comercial con ese cliente (con la gente que conocí ahí la relación sigue, el problema fue simplemente en el ámbito laboral).

Al venir “durmiendo en los laureles”, la realidad empezó a golpear (primero la puerta y después la cara). Economica y anímicamente. Se juntaron gastos que venían retrasándose por motivos ajenos desde hace tiempo, llegó a casa Emiliano Luciano (pero le decimos “Taca” por un tic que tiene) lo que nos obliga a pasar más tiempo en casa y con la tensión que lleva integrar un perro macho en un ambiente donde hay dos familias, cada una con su perro macho (y sus límites) sin que se produzcan mucho derramamiento de sangre  y La Torre empezó a reclamar atención, en algunos casos de forma urgente.

Con todo este sacudón, no había forma de no despertar y volver al ruedo. A nivel proyectos, por suerte (muchísima suerte la verdad), hace no mucho volví a programar con Eduardo, lo que me obligó a desentumecer unas cuantas neuronas y ver si podemos sacar conjuntamente un proyecto adelante. También tengo un par de proyectos medio dormidos (GTV por ejemplo) en los cuales estoy trabajando.

Si bien uno es animal de costumbres, (más estilo Sísifo que Heracles), estoy tratando de reorientar los procesos (desde la parte comercial hasta el espacio de desarrollo) para evitar caer en los mismos errores y mejorar tanto mi performance profesional como la calidad de vida.

 

La mudita & Windows 8.1

laMuditaHace un tiempo que tengo una máquina nueva dando vueltas pero que por una cosa u otra no me decidía a pasarla a “producción”.

La máquina en si es una Acer Aspire M5-481T, pero le puse LaMudita porque el sistema de sonido no le funciona (recientemente descubrí que sí le funciona el sonido por HDMI, así que tan mal no está la cosa). Viene con un I3 y 4Gb de RAM, los cuales en poco tiempo se convirtieron en 6Gb que es lo máximo que admite.

El principal problema de la máquina es su sistema operativo, el cual sobrevivió a las primeras 48hrs de estar conmigo gracias a su característica uEFI. Básicamente me complicó tanto bootearla desde otro sistema operativo que no fuera Windows, que me dió tiempo a encontrarle utilidad a tenerlo instalado (punto para la gente de marketing de MS).

Dado que estoy teniendo problemas con los programas desktop viejos en Windows 8.1 (siempre hay algo que no les funciona), el tener una máquina para desarrollar con esto me gustó bastante. Para el día a día, podría tener Ubuntu en una máquina virtual y tendría lo mejor de los dos mundos en un equipo extremadamente portatil (mi otra maquina tiene 17″).

Pero a mi falta de práctica en el mundo Windows, se sumó una intefaz de usuario totalmente cambiada (algo parecido a lo que pasó con Ubuntu y Unity). Bastante perdido, los primeros días me la pasé aprendiendo atajos de teclado y personalizando la intefaz (el nuevo menú de programas es al día de hoy que sigue sin gustarme).

El problema empezó cuando intenté montar una infraestructura de desarrollo usando vagrant+fabric+virtualbox2. La instalación en Windows da para un post aparte, que en algún momento publicaré. Mi primer intento fue el de instalar todo esto en una máquina virtual con ubuntu a fin de mantenerme trabajando igual que antes del cambio de máquina, pero francamente no pude hacer funcionar la conexión ssh con el servidor creado por vagrant. Tras navegar un poco, parece que es un error común con los usuarios Windows, así que pasé al plan B. Instalar todo en Windows.

La instalación en Windows tuvo sus bemoles, pero finalmente quedó andando. Los servidores se instalaron y parecieron funcionar… hasta que llegué al servidor que tiene Nginxs. Hasta este momento no encontré la forma de evitar un error de archivo inexistente que me aparece cada vez que quiero levantar el servicio. La instalación es correcta y la VM funciona perfectamente en MAC y Linux, pero sobre Windows hay problema. Tras ver en Google que el problema es bastante común con Windows, voy a tener que ver cómo solucionarlo de alguna manera poco ortodoxa (o montando ese servidor en otra máquina o pasando todo el desarrollo a otro equipo).

En resumen, llevo aproximadamente quince días siendo usuario de Windows, y sigo sumando. La experiencia me demostró que para el usuario promedio Windows 8.1 no es tan malo como lo pintan, pero que para el desarrollador  “promedio” es excesivamente controlador (ni a la BIOS se puede acceder sin pasar por el SO), generando problemas sin sentido en las aplicaciones. Si bien todavía se mantiene firme como SO base, no descarto la posibilidad de tenerlo virtualizado y volver a linux como sistema base, pero para eso falta un tiempo, ya que los dolores de cabeza que me está dando hoy día son los que quiero tener frescos para la actualización de los viejos programas a Windows 8.1